La Segunda Cristera en Los Altos de Jalisco

"La historia es una lucha entre los seguidores del único Rey de la creación y sus opositores comandados por Satanás y sus legiones. En ella los hombres son actores en favor de uno u otro".

domingo, 21 de agosto de 2016

Prolegómenos a una persecución religiosa




Jorge E. Traslosheros | Sábado 20 de Agosto de 2016

El obispo de Cuernavaca, Ramón Castro, es un pastor con olor a oveja. Encontró una diócesis desmantelada y una población sumida en el temor y el pesimismo ante la situación generalizada de violencia y corrupción en el Estado de Morelos. 

Apenas llegó a su diócesis, hace tres años, emprendió una visita general por cada rincón del Estado. Escuchó las cuitas de la feligresía y demás personas que quisieran compartir su palabra. Su sensibilidad pastoral le ha convertido en la voz de la esperanza de los que no tienen voz. Ha seguido la ruta del Santo Cura de Ars: reconstruir la Iglesia desde el sagrario a la calle, con pasión misionera, para ponerla al servicio de la gente. 

La voz y la pastoral del obispo Castro han provocado la furia del gobernador Graco Ramírez, un hombre acostumbrado a tropezar con sus propios errores. Empeñado en negar la difícil situación de las personas que viven y transitan por el estado, ha emprendido una campaña de difamación en contra del obispo Ramón Castro, sin faltar acciones de hostigamiento e intimidación. Al rencor del gobernador de Morelos se ha sumado la dirigencia nacional del PRD, su partido, al grado de exigir a la Secretaría de Gobernación que tome acciones punitivas en su contra. 

Los adalides de la autoproclamada izquierda progresista —que no son ni lo uno ni lo otro— nunca me defraudan. Son previsibles hasta en sus obsesiones. Cuando el Papa señala la necesidad de que los obispos sean misioneros para fomentar una Iglesia de salida y encuentro; cuando los conmina a no tener miedo de convertirse en abogados de la justicia entre su gente; cuando les invita a ser auténticos pastores con olor a oveja; entonces los corifeos de esta izquierda y sus líderes festinan sus palabras y se ensañan contra los católicos, como si entre nosotros sólo y únicamente hubiese pastores desentendidos. Pero, cuando en los hechos se topan de frente con un pastor con olor a oveja quien, en medio de realidades lacerantes, alza su voz profética, entonces emprenden campañas de difamación, acoso y persecución. Halagan las palabras del Papa, mientras persiguen a sus pastores. 

De igual suerte, cuando algún obispo o sacerdote emite opiniones favorables a sus intereses políticos, entonces los celebran, les dedican las primeras planas de sus periódicos y citan sus palabras en la palestra pública; pero cuando los critican por sus malos gobiernos y fechorías, entonces buscan por todos los medios acallarlos, al grado de exigir la criminalización de sus opiniones. San Juan Bautista reservó palabras muy duras para esos gobernantes quienes, como Herodes, creen que cortando cabezas ocultan realidades. 

Los políticos e intelectuales de esa izquierda deberían refrenar sus primitivos instintos autoritarios. Bien podrían hacer el esfuerzo de entender el verdadero significado de un Estado laico con aspiraciones democráticas, pues sólo así comprenderían que las iglesias, fieles y pastores, somos parte integral de la sociedad civil. Al expresarnos no les pedimos permiso, porque lo hacemos en pleno ejercicio de nuestros derechos ciudadanos a la libre manifestación de las ideas, a la libertad de asociación, de manifestación y, sobre todo, al ejercicio de nuestro derecho humano a la libertad de religión. 

Ya es tiempo de que entiendan que, al atacar a las iglesias, se confrontan con la sociedad civil y que ésta es el único fundamento de la democracia. Sí, la ciudadanía, no la partidocracia. Lo cierto es que, no solamente les molesta la libertad con la cual los católicos actuamos y expresamos nuestras opiniones, también les enfurece que la sociedad civil ejerza sus libertades de manera crítica, propositiva e independiente. No es casualidad que, junto al obispo Ramón Castro, otros ciudadanos hayan sido también atacados, como Alejandro Vera, rector de la UAEM, o mi querido Javier Sicilia entre muchos. 

Quienes ahora, dentro del PRD, escriben con su añeja intolerancia los prolegómenos de una persecución religiosa, harían bien en leer con calma las palabras del obispo Ramón Castro en sus declaraciones al periódico Sur Digital (14 de agosto). Con su acostumbrada sencillez, afirmó: “Yo soy pastor y he escuchado a mis ovejas. No creo que eso vaya a ser un delito y, si lo fuera, haría evangelización con los presos”. 

La víspera del 16 de agosto, día en que la población morelense salió a las calles a manifestar su hartazgo, dio inicio el año jubilar por el centenario del nacimiento del Beato Oscar Arnulfo Romero. Los tiempos de Dios son perfectos.

jtraslos@unam.mx
Twitter: @jtraslos

Fuente: http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=318819

lunes, 1 de agosto de 2016

90 años de la suspensión de cultos en México





Guillermo Gazanini Espinoza / 1 de agosto de 2016

El 2 de julio de 1926 fue promulgado en el Diario Oficial de la Federación el decreto del Ejecutivo reformando el Código Penal para el Distrito Federal y Territorios Federales sobre delitos del fuero común y delitos contra la Federación en materia de culto religioso y disciplina externa, decreto que obedeció a los diversos desencuentros entre el Episcopado mexicano y la presidencia de la República en relación a la aplicación de preceptos constitucionales en materia de educación religiosa, limitaciones a la libertad de cultos, propiedades de la Iglesia, regulación en el número de sacerdotes y la vigilancia de templos.

Las tensiones entre la Iglesia y el Estado venían dándose desde 1918 a raíz de la entrada en vigor de preceptos constitucionales en materia religiosa. Si bien hubo una serie de acercamientos y las discusiones ahondaron en el derecho de la Iglesia en impartir educación religiosa, cuestiones como la inhabilitación de sacerdotes extranjeros y su eventual expulsión, la expropiación de bienes y el destierro de prelados, vendrían a descomponer el clima hasta las impugnaciones francas del Episcopado mexicano que azuzaron movimientos obreros radicales y socialistas atacando a clérigos y movimientos laicos organizados. Los atentados con artefactos explosivos conmocionaron a los fieles como aquél de febrero de 1921 cuando una bomba se detonó en la casa de Mons. José Mora y del Río, Arzobispo de México, antes situada en la calle de Brasil, o el del 14 de noviembre de ese año contra la imagen de la Virgen de Guadalupe.

En 1926, el desconocimiento de la Constitución por los obispos, especialmente por las declaraciones del Arzobispo de México, incitó al Presidente de la República a una respuesta el 3 junio de ese año sobre la aplicación irrestricta de la ley. El diario El Universal consignó la declaratoria de Calles que en su parte principal advierte a los prelados: “Ningún camino resulta más equivocado que el que ustedes están siguiendo, pues quiero que entienda usted, (refiriéndose a José Mora y del Río) de una vez por todas, que ni la agitación que pretenden provocar en el interior, ni la que están provocando antipatrióticamente en el exterior, ni ningún otro paso que den ustedes en ese sentido, será capaz de variar el firme propósito del gobierno federal para hacer que se cumpla estrictamente con lo que manda la Suprema Ley de la República. No hay otro camino para que ustedes se eviten dificultades y, asimismo, las eviten al gobierno que someterse a los mandatos de la ley…”

Pío XI sabía de las condiciones de la Iglesia mexicana. En abril de 1926, también reportado por El Universal, L´Osservatore Romano manifestó el deseo urgente del Santo Padre en orar y apoyar la causa de la Iglesia a fin de “obtener –por Santa María de Guadalupe- su intervención con el fin de que mejoren las condiciones de los católicos en México”. La respuesta fue una reglamentación excesiva reformando el Código Penal Federal.

El 31 de julio de 1926, fecha de entrada en vigor de la Ley Calles, los obispos, a través de una Carta Pastoral, llamaron a la suspensión del culto católico en todas las Iglesias de la República. Después de consultar al Papa Pío XI, los prelados ordenaron, ante la imposibilidad de ejercer el ministerio, la suspensión “en todos los templos de la República (del) culto público que exija la intervención de un sacerdote”, dejando a los fieles la custodia y resguardo de los templos. La medida obedecía a evitar las sanciones impuestas por las leyes secundarias contra los clérigos y hacer efectivas las disposiciones de la Constitución y las que entrarían en vigor por la Ley Calles

El 1 de agosto, los oficiales y encargados gubernamentales iniciarían la clausura de los templos, cosa contraria al propósito de los obispos, e inventariaron el patrimonio pasando al dominio de la nación. Si bien el 31 de julio fue el hito que inició las acciones organizadas de los católicos contra el gobierno para poner fin a las agresiones contra la Iglesia, es necesario recordar que las leyes anticlericales se consumaron por la redacción de los artículos 3o, 5o, 24, 27 y 130 de la Constitución y la expedición de las leyes secundarias que daban eficacia a las normas.

Los obispos de México, ante este recrudecimiento de la persecución, habían advertido por diversas Pastorales de los graves peligros que corría México y de la eventual extinción del culto y de la desaparición de la Iglesia como fue en el anticlerical Estado de Tabasco que restringió el número de clérigos. La XXVI Legislatura estatal, por decreto número 28, del 23 de diciembre de 1919, dispuso que sólo seis sacerdotes podrían realizar los actos de culto para una población de 187 mil habitantes, es decir, un sacerdote por cada 30 mil.

En el Distrito Federal, la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) había propuesto una iniciativa debido a que el clero católico unido a “terratenientes y capitalistas” era un peligro para la paz pública, por lo que solicitaron al Ejecutivo una ley reglamentaria para “ordenar que sólo haya seis templos en el Distrito Federal”.

La decisión de la suspensión de cultos del 31 de julio era consecuencia de la expedición de reglamentaciones absurdas y violatorias de los derechos de los católicos. La Ley Calles afirmó el carácter anticlerical al ordenar la sanción de quienes impartieran educación religiosa; los votos religiosos y las comunidades de religiosos, prohibidas por el artículo 5o de la Constitución, eran contrarios a la libertad de la persona por lo que, quienes se reunieran en comunidades, congregaciones u órdenes, deberían ser castigados con una pena de hasta dos años de prisión y, desde luego, la extinción de las agrupaciones.

Las sanciones pecuniarias y de privación de la libertad eran amenazas contra los laicos y clérigos reunidos con fines políticos y la ley, categórica y definitivamente, decía que los ministros de los cultos nunca, en reunión pública o privada, hacer crítica de las leyes fundamentales del país, de las autoridades o “en general del gobierno”. Además de la prohibición de organizaciones políticas ligadas con confesiones religiosas, el decreto de Calles estableció la estricta vigilancia gubernamental para supervisar los templos y las prohibiciones relativas a las reuniones políticas además de impedir la capacidad jurídica a las “asociaciones religiosas llamadas iglesias” para adquirir, de cualquier forma, bienes raíces o capitales entrando, al dominio directo de la nación, todos los tesoros patrimoniales estableciendo la curiosa “denuncia popular” que no es otra cosa que el señalamiento incriminatorio para denunciar a las iglesias propietarias de bienes.

La reforma ordenó la suspensión de los derechos políticos de los ministros de culto; la apertura de templos requería del permiso de la Secretaría de Gobernación nombrándose, para su administración, encargados oficiales para hacer cumplir las leyes. La tradición política católica también se extinguió al prohibir los particos católicos y los sacerdotes sólo tendrían derechos mínimos que los colocaron en un rango inferior de ciudadanía bajo el pretexto de que habían jurado fidelidad a un soberano extranjero, el Romano Pontífice.

Justo el día de la suspensión de cultos, según las crónicas periodísticas de la época, cientos de fieles católicos asistieron copiosamente para tener los sacramentos ante la inminente privación. Dice la crónica del periódico El Universal, “las confirmaciones en Catedral se calculan en ocho mil y los bautizos en los diversos templos pasaron de tres mil”.

El 1 de agosto de 1926, las comisiones del Ayuntamiento de la Ciudad de México recibieron los templos destinados al culto. No obstante los acercamientos, el 21 de agosto, Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo de Morelia y Mons. Pascual Díaz Barreto, obispo de Tabasco, se sentaron a la mesa con Calles en el Castillo de Chapultepec para encontrar las mejores soluciones. La sentencia del Presidente es conocida: “No les queda más remedio que las Cámaras o las armas”.

El Episcopado acudió a las Cámaras con el rechazo consiguiente. Hasta el 18 de noviembre de 1926, Pío XI dedicó una severa y suplicatoria Encíclica por la cuestión religiosa y la persecución de la Iglesia mexicana. “Iniquis Afflictisque” sentenció de esta forma: “No queda más, Venerables Hermanos, sino que imploremos y roguemos a Nuestra Señora de Guadalupe, celeste patrona de la nación mexicana, que quiera, que borradas las injurias que a ella misma se le han inferido, restituya a su pueblo los dones de la paz y de la concordia. Pero si por el secreto designio de Dios, aquel día tan deseado todavía estuviera lejos, llene los ánimos de los fieles mexicanos de todos los consuelos y los fortalezca para luchar por la libertad de la Religión que profesan”. Palabras proféticas del Papa Ratti. La lucha no fue corta. Algunos tuvieron el martirio por la resistencia pacífica, otros tomaron las armas para salvaguardar la existencia de la bendita religión.

Fuente:http://blogs.periodistadigital.com/sursumcorda.php/2016/08/01/90-anos-de-la-suspension-de-cultos-en-me

miércoles, 27 de julio de 2016

El martirio cristiano y los deseos de una «guerra santa»


Padre Jacques Hamel asesinado mientras celebrara misa en Ruan

La barbarie asesina que llevó a un chico exaltado a degollar a un sacerdote en el altar invocando a Alá ha perturbado e impresiona: por primera vez un sacerdote fallece dentro de una Iglesia europea. Lo que sucedió y sigue sucediendo en otros países (desde Turquía hasta Irak, pasando por Siria, la República Centroafricana y Filipinas) se da también en nuestras casas. En un pueblito tranquilo de Francia, contra un hombre anciano, bueno e inerme, que durante toda su vida predicó la paz y el amor. Aunque no hay que olvidar que los fundamentalistas islámicos no son los únicos que han monopolizado el asesinato de sacerdotes y obispos: basta recordar el homicidio del obispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, hoy beato, asesinado en el altar por hombres bautizados de los Escuadrones de la Muerte en 1980.


Los terroristas de Daesh, la última de las horribles criaturas que Occidente también contribuyó a crear, llenando de armas a los rebeldes anti-Assad, quieren llevar su «yihad» a los corazones de nuestras ciudades. Quieren llevar el miedo a nuestra cotidianidad. Quieren sacudir nuestras vidas, como ya han hecho en otros países en los que los atentados han sido cotidianos y en los que decenas de miles de víctimas inocentes ya no son noticia. Daesh, el autoproclamado estado islámico, tiene un objetivo claro: unir a su alrededor a los musulmanes sunitas. Para hacerlo debe llevar su «guerra santa» y su «enfrentamiento de civilizaciones» a nuestra casa. Debe hacernos «sentir en guerra» como occidentales, como cristianos, como descendientes de los «cruzados». Debe hacernos olvidar que la gran mayoría de las víctimas del terrorismo fundamentalista islámico es musulmana.

Frente a todo esto, no podemos simplemente ver hacia otra parte. Pero sería seguirles el juego a los terroristas pensar que hay que responder a su «yihad» con una «guerra santa» de signo opuesto. E invocar actitudes que asuman la lógica de la «guerra santa», como hacen ciertos sectores del mundo católico europeo, no significa solo darle la victoria al Califato, hacer exactamente lo que los asesinos fundamentalistas pretenden y buscan. Significa también, principalmente, olvidar todo lo verdadero que hay en la experiencia de la fe cristiana. La que se vive auténticamente y la que no se convierte ni en ideología identitaria ni en movimiento político-cultural. Hay, efectivamente, una manera para hablar sobre lo que ha pasado en Francia, un modo para hablar de las persecuciones de los cristianos, que no tiene nada de cristiano, aunque quien lo haga se sienta parte militante del catolicismo occidental.

Las únicas palabras auténticamente cristianas son las que en estas horas recuerdan que la realidad del martirio pertenece desde el principio a la vida de la Iglesia. Una experiencia que siempre ha estado presente. «Si me han perseguido a mí, los perseguirán también a ustedes», dijo Jesús. Los mártires cristianos, como recordó Papa Francisco antes de su viaje a Armenia del mes pasado, son personas normales, hombres, mujeres, niños. Desde siempre el sacrificio de inocentes, la sangre derramada ha sido semilla para nuevos cristianos, como afirmaba Tertuliano, y ha dado frutos de reconciliación, de perdón, de amor.

La mirada de fe demuestra cuál es la única y verdadera respuesta a los últimos hechos de sangre, que nos sacuden en nuestras burbujas de indiferencia. Como hace algo tiempo testimonió aquella anciana copta cristiana, que no sabía leer ni escribir y que no se movió de su pobre casa de barro a orillas del Nilo. Se negó a maldecir a los que degollaron a su hijo en la costa de Libia. No los maldijo, sino que rezó por su salvación. Y en esta aparentemente «débil» respuesta no se refleja solo una de las cimas de la civilización humana. Se aprecia sobre todo el signo de la «debilidad omnipotente» del Dios cristiano, que se abajó y aniquiló para compartir los sufrimientos de los seres humanos.


Andrea Tornielli 27 de julio de 2016



http://www.lastampa.it/2016/07/27/vaticaninsider/es/en-el-mundo/el-martirio-cristiano-y-los-deseos-de-una-guerra-santa-zhRpUbW1jmzRpsHnFmLIbL/pagina.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

domingo, 15 de mayo de 2016

5 revelaciones sorprendentes del “tercer secreto” de Fátima



En el 2000, el entonces cardenal Joseph Ratzinger explicó los signos y los símbolos de las apariciones marianas


PHILIP KOSLOSKI       13 MAYO, 2016

El 13 de mayo es el 99° aniversario de las apariciones marianas en Fátima, en Portugal. Durante todo el siglo pasado, individuos de todas partes del mundo han elaborado teorías para descifrar el mensaje oculto en los “tres secretos” de Fátima, pero sor Lucía dijo que la interpretación pertenecía no al vidente, sino a la Iglesia. Toca a la Iglesia interpretar los diversos signos y símbolos de Nuestra Señora de Fátima para ofrecer a los fieles una guía clara en la comprensión de lo que Dios quiere revelar.

La Iglesia hizo exactamente esto en el 2000, cuando el entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escribió un largo comentario-interpretación a nivel teológico del famoso “tercer secreto”. Al cardenal se le encargó que aclarara los signos y símbolos que se encontraban en las visiones de la Virgen, e hizo algunos descubrimientos extraordinarios.

Aquí cinco revelaciones sorprendentes que se desprenden del “tercer secreto” de Nuestra Señora de Fátima tal y como lo interpretó el cardenal Ratzinger (ahora papa emérito Benedicto XVI).


¡Penitencia, penitencia, penitencia!



1. “La palabra clave de este “secreto” es el triple grito: “¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!”. Nos vuelve a la mente el inicio del Evangelio: paenitemini et credite evangelio (Mc 1, 15). Comprender los signos del tiempo significa: comprender la urgencia de la penitencia – de la conversión – de la fe. Esta es la respuesta correcta al momento histórico, que está caracterizado por grandes peligros, los cuales serán delineados en las imágenes sucesivas”.

El mensaje central de Nuestra Señora de Fátima era “Penitencia”. Ha querido recordar al mundo la necesidad de alejarse del mal y de reparar los daños provocados por nuestros pecados. Esta es la “clave” para comprender el resto del “secreto”. Todo gira en torno a la necesidad de penitencia.


Nosotros hemos forjado la espada de fuego



2. “El ángel con la espada de fuego a la izquierda de la Madre de Dios recuerda imágenes análogas del Apocalipsis. Este representa la amenaza del juicio, que se cierne sobre el mundo. La perspectiva que el mundo podría ser carbonizado en un mar de llamas, hoy no parece ya que sea una pura fantasía: el hombre mismo ha preparado con sus inventos la espada de fuego. La visión muestra después la fuerza que se contrapone al poder de la destrucción — el esplendor de la Madre de Dios, y, procedente en cierto modo de ello, la llamada a la penitencia”.

Esta parte de la aparición tiende a ser la más angustiosa. Parece que Dios puede destruirnos a todos con una “espada de fuego”.

Pero el cardenal Ratzinger, sin embargo, subraya que la “espada de fuego” sería algo que creamos nosotros (como la bomba atómica) más que un fuego que desciende del cielo. La buena noticia es que la visión afirma que la espada de fuego se extingue al contacto con el esplendor de la Virgen, en conexión con la llamada a la penitencia. La Virgen tiene la última palabra, y su esplendor puede detener cualquier cataclisma.


El futuro no está grabado en piedra



3. “Se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no está de hecho determinado de modo inmutable, y la imagen, que los niños vieron, no es un film anticipado del futuro, del que nada podría ser cambiado. Toda la visión sucede en realidad sólo para apelar a la libertad humana, para encaminarla en una dirección positiva… El sentido de la visión … es… el de movilizar las fuerzas del cambio al bien”.

Contrariamente a la convicción popular, las intensas visiones ofrecidas por Nuestra Señora de Fátima no son una previsión de lo que sucederá. Son una previsión de lo que podría suceder si no respondemos al llamamiento a la penitencia y a la conversión del corazón que la Virgen hace. Tenemos aún nuestro libre albedrío, y se nos exhorta a usarlo por el bien de toda la humanidad.


La sangre de los mártires es semilla de la Iglesia



4. “La conclusión del ‘secreto’… es una visión consoladora, que quiere hacer permeable al poder curador de Dios una historia de sangre y lágrimas. Los ángeles recogen bajo los brazos de la cruz la sangre de los mártires y riegan así las almas, que se acercan a Dios… Como por la muerte de Cristo, de su costado abierto, nació la Iglesia, así la muerte de los testigos es fecunda para la vida de la Iglesia. La visión de la tercera parte del ‘secreto’, tan angustiosa al principio, se concluye con una imagen de esperanza: ningún sufrimiento es vano, y precisamente una Iglesia sufriente, una Iglesia de mártires, se convierte en signo indicador para la búsqueda de Dios por parte del hombre”


Es verdad que la visión contiene mucho sufrimiento, pero no es en vano. La Iglesia puede tener que sufrir mucho en los años venideros, y esto puede no ser una sorpresa. La Iglesia ha vivido la persecución desde la crucifixión, y nuestro sufrimiento en la época actual producirá efectos positivos solo en el futuro.


Tened valor, yo he vencido al mundo



5. “‘Mi Corazón Inmaculado triunfará’. ¿Qué significa? El Corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que las armas de todo tipo … El maligno tiene poder en este mundo … tiene poder porque nuestra libertad se deja continuamente separar de Dios. Pero… la libertad para el mal no tiene la última palabra. Desde entonces vale la palabra: ‘En el mundo tendréis tribulaciones, pero ánimo, yo he vencido al mundo’ (Jn 16, 33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa”

Para concluir, el “secreto” de Fátima nos da esperanza en este mundo lacerado por el odio, por el egoísmo y por la guerra. Satanás no triunfará, y sus planes malvados serán obstaculizados por el Corazón Inmaculado de María. Podrá haber sufrimiento en el futuro próximo, pero si nos agarramos a Jesús y a Su Madre saldremos victoriosos.


Fuente: http://es.aleteia.org/2016/05/13/5-revelaciones-sorprendentes-del-tercer-secreto-de-fatima/

domingo, 24 de enero de 2016

José Sánchez del Río será inscrito en el Libro de los Santos




Pablo J. Ginés  22 enero 2016

México tendrá un nuevo santo gracias al decreto del Papa Francisco que aprueba un milagro y pide la canonización del beato mártir José Sánchez del Río, muchacho de 14 años asesinado durante la Guerra Cristera (1926-1929).

Su historia se popularizó fuera de México por la película "For Greater Glory" (Cristiada) que recogía su ejecución. En 2015 se publicó en España su biografía "El Niño Testigo de Cristo Rey", notable porque el autor, el padre Luis Laureán conoció personalmente a los asesinos. Recuperamos el artículo de ReL al respecto.

***

De entre las historias de mártires mexicanos de la persecución de los años 20, probablemente la más estremecedora y que cada vez será más popular es la del adolescente José Sánchez del Río, ejecutado con torturas por las tropas gubernamentales cuando tenía 14 años. Su martirio es recogido de forma terrible -pero aún así suavizado- en la película de 2012 Cristiada (For Greater Glory).

El niño había insistido en sumarse a las fuerzas cristeras siempre por motivos religiosos. Convenció a su madre para que lo dejase marchar sólo cuando dijo: "Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora".

El 6 de febrero de 1928 las tropas del bando federal lo hicieron prisionero y lo encerraron en la sacristía de la iglesia local, la misma iglesia donde fue bautizado, donde creció en la fe.

Lo ejecutaron con torturas el 10 de febrero. La descripción muestra un ensañamiento fanático que parecería fantasía hagiográfica de no estar bien confirmado por muchos testigos. Por desgracia, abundó la crueldad, a veces meticulosa, en la persecución anticristiana mexicana de los años 20.



Los detalles de un martirio


En un país "democrático" en la época de la luz eléctrica y el motor de explosión se repetían torturas propias del bíblico Libro de los Macabeos, y por similares motivos: el poder del Estado buscando esclavizar la conciencia del individuo, que cuando no se doblega debe ser ejecutado con suplicios.

Al adolescente le cortaron las plantas de los pies para que sangrase.

Con los pies desollados y ensangrentados lo hicieron caminar por las calles de su ciudad, Sahuayo (Michoacán).



Durante el doloroso trayecto, el muchacho no dejó de gritar vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe, llorando y rezando a la vez.


Le señalaron la tumba que había preparada para él, lo ahorcaron y acuchillaron mientras colgaba. Pero aún no estaba muerto.

Uno de sus verdugos, Rafael Gil Martínez "El Zamorano" lo bajó y le preguntó: "¿Qué quieres que le digamos a tus padres?" El muchacho respondió: "Que Viva Cristo Rey y que en el cielo nos veremos".

A continuación "El Zamorano" le disparó en la sien y acabó con su tortura. Desde esa misma noche acordonaron el cementerio con tropas para asegurarse que la gente no se llevase reliquias del muchacho, que ya para todos era santo. Sería beatificado oficialmente con otros 11 mártires en 2005.

La historia en su contexto social y de fe


El núcleo de la ejecución es tan intenso, que puede hacer olvidar lo principal: quién era José, cómo era el mundo en el que vivía, y cuál era el amor a Dios que lo movió en su corta vida y en su muerte radical.

Eso se ha de narrar con fotos, con testimonios, recorriendo las calles, los lugares, hablando con los testigos, incluso hablando con el ejecutor, el que apretó el gatillo.


Y así lo ha hecho el sacerdote mexicano Luis Manuel Laureán, paisano del joven mártir, que da carne y vida al muchacho y su época en un libro apasionante y detallado de 174 páginas en Ediciones De Buena Tinta titulado El Niño Testigo de Cristo Rey.


 

Lo cotidiano y costumbrista, lo sobrenatural e incluso cierta mediocridad demoniaca se mezclan en esta historia. Investigando el Holocausto, Hanna Arendt se asombrababa de la "banalidad del mal", de descubrir que los verdugos de Auschwitz no eran monstruos hinchados de odio, sino aburridos funcionarios, gente vulgar, gris y cobarde sin mayor pasión, cumpliendo sus horarios y ordenanzas. El horror se hizo con "gente normal".


Poner rostro y alma al verdugo


En los iconos rusos de mártires los verdugos y torturadores no suelen tener rostro, sino una mancha negra. Son anónimos. El mal los usa como instrumento opaco: al final, toda la luz resplandece en el santo, en su rostro auténtico, el que se ve desde el Cielo.

Pero el caso es que el padre Laureán, autor del libro, no ve a "El Zamorano" como un verdugo anónimo. "Lo conocí en mi niñez y conversé con él en 1994; era mi vecino, barda de por medio. Le escuché alabar a los padres jesuitas por su formación y por los ejercicios espirituales que predicaban; se hizo muy amigo del padre Cuevas", explica en una nota.

"El Zamorano" tuvo buenas tierras y buen ganado, y siempre se negó a hablar de las ejecuciones, sólo a veces hablaba de alguna batalla que ganó con los federales. Intentaba ser aceptado por sus vecinos, celebraba la primera comunión de su hijo (una foto en el libro lo recoge)... pero todo el pueblo sabía que él mató al niño mártir.

Otro de los ejecutores, al que llamaban "La Aguada", también era conocido por el autor. "A mis once años lo vi liarse a tiros con un señor que apodaban el Barzón, en la calle Victoria, a tres calles de la plaza. Resultó herido en la ingle y su contrincante escapó ileso. En 1994 lo encontré ya muy desmejorado y pidiendo unos pesos de limosna", escribe Laureán.

Este "Aguada" y su esposa Sara hablaron de aquellos años en una larga entrevista en 1996, recogida por Alfredo Hernández Quesada, fundador del Museo Cristero, entrevista que el libro de Laureán recoge. "La Aguada" rebajaba su papel en la época: colgaba cristeros, sí, pero no violaba mujeres, eso lo hacían los otros compañeros. "Convirtieron los templos en burdeles. Ahí metían viejas, metíamos viejas y metíamos todo, y hacían... y de mí se burlaban porque yo no hacía, yo no quería hacer cosas..."

Pero la señora Sara sabía que su marido y sus tropas hicieron cosas horribles, y pensaba que quizá por ello todo les fue mal en la vida, y también a sus hijos, y la gente les ha señalado. "Yo digo: Dios mío, no eres vengativo pero sí eres justo", dice ella. Aguada reconoce que él tenía 20 años, robaba y acusaba de sus robos a los cristeros.


El arrepentimiento de los torturadores


Laureán explica, finalmente: "Casi todos los verdugos se arrepintieron. Al Zamorano se le veía en la iglesia. La Aguada se mostró dolido del mal que había hecho. A la pregunta de si participó en la muerte de José Sánchez del Río respondía con un silencio tenso y doloroso, que indicaba su astucia y tal vez su sincero arrepentimiento. En sus últimos años daba pena verlo, sus facultades mentales quedaron muy disminuidas. Algo semejante sucedió con la Pispirria, hermano de la Aguada, con los Gutiérrez o Borregos, con Eufemio la Chiscuaza, y el Malpola, al que algunos atribuyen las cortaduras en las plantas de los pies".

¿Y qué pasó con Picazo, que era el cacique de la región, el que mandaba y dirigía las atrocidades contra los cristeros?

Laureán considera que era un hombre valiente, pero a la vez soberbio y vengativo y nunca dio muestras de arrepentimiento, aunque costeaba el sostenimiento del convento de adoratrices donde tenía dos hermanas. Muchos le odiaban y fue asesinado de un disparo en 1931 en un litigio sobre tierras. Sus hijos dicen que un sacerdote acudió rápido y le ayudó a morir bien. 
Muchos consideran que fue obra de la intercesión celestial del beato José, que había sido ahijado suyo. Melecio Picazo, hijo del cacique, es sacerdote misionero del Espíritu Santo. Su esposa crió a los hijos en la fe y con buen corazón.


Sangre de mártires, semilla de cristianos


La cruel persecución anticristiana de los años 20, con miles de muertos, iglesias profanadas y una guerra civil por medio, no debilitó la fe de los católicos mexicanos. Por ejemplo, pese a un régimen oficial y militantemente laicista, en el periodo entre 1914 y 1945 el número de religiosas pasó de 1.480 a 8.123. En 1968, las religiosas en México ya eran 22.400.

Laureán muestra que los mártires, como el muchacho José Sánchez, fueron un incentivo para muchas vocaciones. "Yo tenía nueve años y me crucé con José Sánchez. Le pedí seguirlo en su camino, y viéndome tan pequeño me dijo: ´Tú harás cosas que yo no podré llegar a hacer´, y esto determinó mi entrada al sacerdocio", explica por ejemplo el padre Enrique Amezcua, fundador de los Operarios del Reino de Cristo.

Nota del blogger: me permití cambiar el título del artículo de 
Pablo J. Ginés, ya que hacía alusión al "primer santo de la guerra cristera" lo cuál no es exacto, ya que hay cerca de una treintena de mártires canonizados.

Fuente: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=/el-primer-santo-de-la-guerra-cristera-de-mexico-es-un-47300

lunes, 11 de enero de 2016

Sobre el video del papa del 6 de enero de 2016

 Colar el mosquito y tragarse el camello: sobre el video del Papa





Ante el reciente video lanzado el 6 de enero por el Centro Televisivo Vaticano (CTV) en conjunto con la Red Mundial de Oración del Papa[1], en donde se difunde la intención particular del Papa para este mes de enero, correspondiente al diálogo interreligioso, se ha visto varias reacciones muy distintas dentro del mundo católico, no ya fuera de él, en donde sencillamente no trascenderá más allá de un video bonito del Papa. El video muestra claramente la manifestación de fe de distintas personas pertenecientes a las religiones principales del mundo: budismo, judaísmo, islamismo y cristianismo. De fondo, las palabras del Papa explicando sus intenciones y al final la imagen – la mayor causa de la polémica – de los distintos símbolos de cada religión expuestos al mismo nivel. 


Análisis previo 

Antes de comentar ciertos detalles que han sido causa de discusión y hasta de confusión entre los católicos, quisiera dar mi apreciación personal sobre ciertas actitudes que por demás, me parecen fuera de lugar. 

A escasos minutos de haberme enterado de la existencia del video, ya tenía un montón de comentarios en mis redes sociales, con una turba incendiaria de católicos indignados con respecto al Papa, quien habría supuestamente atentado contra la doctrina de la Iglesia, y no faltó el atrevido, soberbio y desubicado, que osó en tildar al Papa de “hereje”, un adjetivo reservado para gente insensata que a lo largo de la historia ha causado males tremendos a la Iglesia, negando verdades de fe, promoviendo el error y la mentira o calumniando a Nuestro Señor o a Su Santísima Madre. ¡Así es! Hay quienes consideran que el Papa Francisco puede entrar en este calificativo. Dios los ampare. 

Por lo demás, es interesante como existe ya una fila definida de gente, consagrada a hacer de policías de la doctrina cual miembros del Tribunal del Santo Oficio. Y es que el asunto aquí no se trata de no defender la doctrina, sino de lo absurdo que suena “defender la doctrina” ante el Vicario de Cristo, el Patriarca Universal, el Siervo de los siervos de Dios… en fin, aquí lo que sobra no es “valentía” sino testarudez y soberbia. Lejos de profundizar el mensaje y la intención del Santo Padre, muchos enfocan todas sus energías en buscar el error o la ambigüedad en lo que dice o hace, examinan con lupa cada gesto, a ver si contradice algún punto o algún resquicio del Catecismo, y en esto, pierden de vista el fondo del gesto, el mensaje, y a fin de cuentas, lo que el Espíritu Santo – haciendo uso del Vicario de Cristo en su frágil persona – quiere transmitir a la Iglesia y al mundo. 

“¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!”[2]

Así se dirigía Jesús a los fariseos, que pagaban el diezmo hasta de las hierbas aromáticas pero eran incapaces de practicar la misericordia. De más está explicar, cómo se relaciona esto con respecto a aquellos que quieren buscarle la quinta pata a lo que dice el Papa. 

“(…) Todos somos hijos de Dios” 

Esta ha sido la frase que más polémica ha causado, ciertamente porque la afirmación que ha hecho el Papa en el video puede interpretarse de muchas maneras, y por supuesto, para quienes les conviene que la vida sea sin exigencias y la religión se ajuste a sus caprichos, ésta frase podría venirles como anillo al dedo, para decir que “sin importar la religión” somos hijos de Dios, cayendo en una especie de sincretismo religioso. Sin embargo, la frase propiamente debe ser entendida en su contexto. 
- ¿De qué se trata el video? 
- ¡De las intención del Papa para este mes de enero! 
- ¿Y cuál es esa intención? 
- El diálogo entre las distintas religiones y el trabajo por la paz y la justicia. 

¡Bien! Entonces, si el video está dirigido a la intención de un diálogo interreligioso, es más que obvio que no es adecuado ni atinado utilizar palabras estrictamente doctrinales que a su vez sean automáticamente excluyentes al diálogo que se busca. Es decir, ¿de qué serviría el video, buscando el diálogo entre religiones, si hace explícitas las diferencias? 

Es verdad, desde el punto de vista doctrinal NO TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS, pues somos hijos de Dios sólo y únicamente aquellos que hemos sido bautizados, que a través del Sacramento de la iniciación cristiana, pasamos a formar parte de la promesa de Cristo, de la Nueva Alianza. 

“(…) es decir: no son hijos de Dios los hijos según la carne, sino que los hijos de la promesa se cuentan como descendencia”[3]

Sin embargo, es posible hacer uso del término “todos somos hijos de Dios” desde un punto de vista genérico, por cuanto todos hemos salido de la mano de Dios, y no por estoel Papa se ha querido bancar el Sacramento del Bautismo ni mucho menos. Sólo basta tener dos dedos de frente para comprender la intención del Papa, pero aun así, hay gente sembrando discordia y división, fomentando comentarios negativos hacia el Santo Padre y echando a perder por completo el mensaje de fondo que ha querido transmitir el Papa, y por el cual nos ha pedido hacer oración. 

La imagen del Niño Jesús 

Al final del video, se muestra al Niño Jesús equiparado – por así decirlo – a objetos simbólicos de las otras religiones, ciertamente tratando de evidenciar lo que se busca con el diálogo, no una mezcla de creencias, sino un verdadero compartir que nos acerque de a poco. Como en algún momento lo indiqué en una pregunta de la red social Ask, aquí no se trata de mezclar la doctrina de la Iglesia con otras religiones, pues eso no es ecumenismo, sino que se busca a través del diálogo, el acercamiento de las otras religiones hacia la verdad de la Iglesia de Cristo, el Único Dios verdadero. Pero, ¿cómo habrá de hacerse este diálogo, si no se comienza por los puntos en común? ¿Qué diálogo podrá darse si – como a muchos inquisidores les gustaría – el Papa empieza a despotricar contra las otras religiones, o hace explícitos los puntos que nos separan – que ya los conocemos de memoria –, y luego plantea que busquemos la unión? 

Seguramente en los próximos días, o eso espero, el Vaticano hará algún pronunciamiento al respecto, pero indistintamente de lo que se diga (o si por último no hay pronunciamiento alguno), no comprendo por qué habría de suscitarse tanta confusión. Es interesante, pues quienes generan mayor polémica y división, son justamente los que figuran como letrados, pues por lo demás – y lo he comprobado en varias conversaciones – las almas sencillas y de corazón humilde, no se han hecho problema en absoluto, y han comprendido sin obstáculos lo que ha querido decir el Papa. Ni han pensado que el Papa ha negado el valor del Bautismo, ni que esté promoviendo algún tipo de sincretismo y mucho menos se atreverían a pensar que está “traicionando” la doctrina de la Iglesia. Sencillamente ven al Vicario de Cristo, buscando desesperadamente la paz, en medio de una sociedad que cada vez se torna más caótica por las situaciones de guerra e injusticia. 

Conclusión 

Se de muchos – y me incluyo – que gustamos de las disertaciones teológicas mientras nos tomamos un café, y probablemente en ese contexto conversemos sobre lo que dijo el Papa y sobre tal o cual gesto o forma… discutiremos de “lo que yo hubiese querido que diga el Papa” o de “cómo me hubiese gustado que lo diga”, pero al final del día, iremos a misa, pediremos al Señor que se acuerde de Su Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa Francisco, con nuestro Obispo Luis Gerardo (obispo de mi ciudad) y todos los pastores que cuidan de Su pueblo, nos lleve a la perfección por la caridad, y al finalizar nuestros rosarios, rezaremos un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria por las intenciones del Papa… ¿por qué? ¡Porque es el Papa! 

Verdaderamente espero que este Año de la Misericordia nos ayude a experimentar el perdón de Dios, pero sobre todo, que fruto de ese perdón, pueda nacer la verdadera caridad que nos permite ver el mundo con los ojos de Cristo. De esa manera, dejaremos de perder el tiempo en discusiones inútiles y empezaremos a trabajar seriamente por el Reino de Dios y su justicia perfecta. 

¡Dios los bendiga! 


El Patio de los Gentiles  10 enero 2016 



[1] Aquí el video: http://thepopevideo.org/es.html 

[2] Mt. 23, 24 

[3] Rom. 9, 8